El hotel Empordà Golf se sitúa cerca del conjunto residencial, junto al Campo de Golf, manifestando su potente volumen articulador del conjunto arquitectónico y concentrando la edificación en la zona central del terreno.
Las plantas superiores del hotel se organizan en forma de cruz con habitaciones de distintas medidas y tipologías, orientadas a los cuatro vientos y con magníficas vistas al frondoso paisaje. Estas plantas, compactas, permiten la optimización de las zonas comunes y facilitan la circulación por los pasillos dirigidos hacia la luz natural y las vistas exteriores.


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El interiorismo acentúa la calidez de los distintos espacios de un hotel en contacto con la naturaleza y el confort se hace evidente en las texturas y el mobiliario.
El proyecto ha tratado de acomodarse con naturalidad al paisaje de la zona tanto en su integración con el cercano campo de golf, como en su diseño y en el tratamiento de los materiales y acabados.


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Este proyecto consistió en la transformación de un edificio de la Gran Vía de Madrid, construido en 1917 y catalogado en el registro del patrimonio histórico, en un hotel de cuatro estrellas. La estructura metálica se conservó y los nuevos espacios se ordenaron y jerarquizaron para cumplir con los nuevos requerimientos funcionales. Se vaciaron todas las plantas liberando así un espacio de circulación alrededor de los cinco patios desde donde se distribuyen las habitaciones que dan a las tres fachadas exteriores.


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Tanto los materiales de acabado como los distintos tipos de iluminación de las habitaciones contribuyen a crear ambientes cálidos y acogedores. El bar y el restaurante, por el contrario, aceptan formas y elementos más originales como la gran barra de acero inoxidable, goma negra y vidrio, que vuela en el extremo más próximo a la entrada dirigiendo el flujo de usuarios.


Toda la fachada de la planta baja y la primera planta es de acero inoxidable mate y vidrio transparente, y se despliega entre las columnas de fundición y de granito originales. De noche, la cálida iluminación interior se abre desde los espacios públicos del hotel a las calles más vivas del barrio.
El nombre del hotel es un homenaje al mundo de la literatura y a los pictogramas como elementos primigenios de composición del lenguaje escrito por lo que se grafiaron en las paredes textos diversos de diferentes autores, como poemas, extractos de ensayos o breves cuentos.

El Hotel Capital es un establecimiento de 3 estrellas situado en las proximidades de la feria de Montjuïc que consta principalmente de dos volúmenes. Pese a que la normativa urbanística exigía que la ocupación del solar se realizase con un volumen único, el arquitecto aportó la solución de un cuerpo fragmentado en dos: uno de hormigón claro con las últimas tres plantas acristaladas orientadas al recinto de la feria y otro de piezas de hormigón gris oscuro. Esta solución permitía crear un espacio de circulación vertical claramente definido, lleno de luz y de aire, en el intersticio entre ambos volúmenes. La madera fue el material elegido para poner de relieve los principales espacios del hotel, como contrapunto a otros materiales protagonistas como el hormigón y el cristal.
La aproximación al hotel se realiza a través de un espacio circular cerrado por tablones de madera laminada cuya altura aumenta de 2,5 a 5 m. Se accede a la recepción y al restaurante del hotel cruzando un estanque por una pasarela de madera sobre la cual una pérgola de vidrio laminado tamiza la luz produciendo un agradable efecto.
El ambiente destaca por su sobriedad y sencillez. La iluminación ha sido diseñada por el arquitecto y los muebles han sido elegidos meticulosamente, incluyendo piezas de diseñadores destacados como los sillones y sofás Cadaqués, de Federico Correa y Alfonso Milà para Santa & Cole.


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El proyecto del Hotel Bauzá consistió en la rehabilitación del antiguo establecimiento y en el diseño de los elementos funcionales y decorativos que componen este edificio de diez plantas, destinado a un hotel de 4 estrellas. En la planta baja se encuentran la recepción y el vestíbulo, y en la primera planta se sitúan las salas de convenciones, el gimnasio, la biblioteca, el restaurante, el bar y el comedor privado. Las habitaciones se distribuyen a lo largo de las dos fachadas del edificio y alrededor de un amplio patio interior. En la planta novena hay tres habitaciones tipo suite con grandes terrazas.



Todos los espacios del hotel están tratados con la intimidad, la calidez y la personalidad de una casa, lejos del ambiente anónimo de un lugar de paso. Los linos, algodones naturales y lanas de las habitaciones y espacios comunes subrayan la sensación de privacidad de los espacios. Esta idea también se refleja en la elección del mobiliario y los elementos de iluminación.


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El espacio de la biblioteca, con su chimenea y claraboyas de luz natural, resume el concepto del hotel: un lugar acogedor y silencioso donde los clientes pueden disponer de un espacio propio y flexible.
Para que la estancia se convierta en una experiencia singular, el hotel ofrece una colección única de 280 fotos, ventanas abiertas a otros mundos originales de 53 fotógrafos españoles y seleccionadas por Virginia Figueras.